domingo, 5 de abril de 2015

Corcheas, pentagramas, y demás sentimientos.

Desde que era un chaval de 10 años se interesó por la música. Hasta esa edad, la música no era nada para él; un simple pasatiempo. Fue de repente. Algo en su interior despertó... Despertó de tal manera que lo absorbió como persona. Disfrutaba como nunca antes cada canción, cada acorde, cada melodía... Y nada pudo evitar que pasara a formar parte de ese maravilloso mundo a tal tierna edad.
Le regalaron su primera guitarra ese mismo año. Para él, ese trozo de madera con seis cuerdas valía tanto o más que cualquier tesoro. Aquella guitarra clásica no era gran cosa, pero él se conformaba con que sonara lo suficiente como para poder expresarse, y así era. Cada vez que volvía de la escuela lo primero que hacía era coger aquella guitarra y tocar, tocar y tocar.
Pasaban los días... las semanas... los meses... hasta que cumplió su primer año completo en el mundo de la música. Fue entonces cuando apareció en su vida el blues y el rock. Era algo nuevo para él, tan nuevo que creó sentimientos fuertes en su interior. Sus padres hicieron un esfuerzo para comprarle su primera guitarra eléctrica. Aquella guitarra negra y pesada y aquel pequeño amplificador eran el inicio de una nueva etapa en la música: el paso de la música popular al rock.
Pasaron 2 años en los que la única vida que tenía aquel chaval era la música. Días encerrado en casa practicando, tocando las canciones de sus ídolos, aprendiendo más y más música, es decir, haciendo lo que él más ansiaba. Soñaba con ser un día un gran músico como Gary Moore, Santana, Satriani, y eso le animó a no rendirse, por muy frustrante que fuera a veces.
Cuando entró en la adolescencia le regalaron una nueva guitarra eléctrica, un precioso rubí de seis cuerdas el cual recuerda como el mejor regalo de su vida y que recordará siempre. Fue en esta época, en su adolescencia, donde descubrió otro poder inmenso que se hallaba intrínseco en la música: la música no solo era capaz de transmitir sentimientos, también, con el tiempo, tú podías plasmar tus sentimientos en ella.
Fue a partir de aquel momento cuando comenzó a componer, a hacer sonoros sus sentimientos y a plasmarlos en una serie de notas que conseguían emocionar a la gente y, justo entonces, se dio cuenta de que nunca nada podría tener un lugar tan grande en su corazón como el que tenían las corcheas, los pentagramas, y demás sentimientos.

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