sábado, 25 de abril de 2015
Compañeros de sangre, hermanos de guerra.
Cuando llegaron al campo de batalla sintieron la presencia del contrario, como un aire frío y desagradable que te eriza la piel. Se vieron, cruzando una mirada con la otra, mirando los ojos de su adversario y viendo como sus pupilas se dilataban. El odio entre ellos era cada vez mayor, resultando inevitable el deseo de aniquilación del contrario. Solo sentían odio, como una especie de... traición inexistente. Uno de ellos gritó y se lanzó contra el otro, cuchillo en mano, con la simple idea de cortarle el cuello, de verlo sufrir, pagando. Este chaval, joven, rubio, escasamente entrado en la adolescencia, solo pudo ver como su compañero de infancia, su colega, se avalanzó sobre él, solo sintiendo la furia y el deseo de verlo muerto. Cayeron al suelo. Patalearon, se dieron puñetazos, cabezazos, patadas, cortes. De repente, este chaval rubio se vio tendido en el suelo con quien creía que era su amigo encima suyo, haciéndole sentir el filo de aquel cuchillo, afilado la mañana anterior. Miró sus pupilas, su pecho, su boca. Estaba alterado. Le movía la rabia. En ese momento, le preguntó: "¿Por qué me estás haciendo esto, amigo?. ¿Acaso no recuerdas los momentos que hemos pasado?. ¡Casi nacimos juntos, joder!. Para mí ERES mi hermano". En ese momento, vio como el rostro de su amigo se aclaró, blanco como un fantasma. Se tranquilizó y, de repente, rompió su rostro en mil lágrimas. Cuando vio a su "hermano" así, por fin vio un ápice de humanidad en él, humanidad que desapareció desde el comienzo del conflicto, y le dijo: "La guerra cambia a la gente hermano mío, y nosotros no somos diferentes al resto. Sabes cuál es tu bando, y también sabes cuál es el mío. Si de verdad eres capaz de hacer esto por unos ideales; si de verdad piensas que un pensamiento diferente vale más que la vida de un amigo, adelante, pero recuerda, si finalmente decides mover el filo de tu arma sobre mi cuello, no habrás ganado la guerra, habrás perdido a tu único amigo". En ese momento, su amigo apartó la mirada de los ojos de quien siempre había considerado su familia, agarró con fuerza el cuchillo y deslizó su fino filo por su cuello. El cielo se oscureció, torno gris, y se creó una atmósfera abrumadora. El cuerpo sin vida descansó en el suelo. Él se levantó, sin suficiente fuerza moral como para poder levantar aquel cuchillo, y dijo: "Lo siento hermano, pero como tú has dicho, la guerra cambia a las personas, y nosotros no somos diferentes"
domingo, 5 de abril de 2015
Corcheas, pentagramas, y demás sentimientos.
Desde que era un chaval de 10 años se interesó por la música. Hasta esa edad, la música no era nada para él; un simple pasatiempo. Fue de repente. Algo en su interior despertó... Despertó de tal manera que lo absorbió como persona. Disfrutaba como nunca antes cada canción, cada acorde, cada melodía... Y nada pudo evitar que pasara a formar parte de ese maravilloso mundo a tal tierna edad.
Le regalaron su primera guitarra ese mismo año. Para él, ese trozo de madera con seis cuerdas valía tanto o más que cualquier tesoro. Aquella guitarra clásica no era gran cosa, pero él se conformaba con que sonara lo suficiente como para poder expresarse, y así era. Cada vez que volvía de la escuela lo primero que hacía era coger aquella guitarra y tocar, tocar y tocar.
Pasaban los días... las semanas... los meses... hasta que cumplió su primer año completo en el mundo de la música. Fue entonces cuando apareció en su vida el blues y el rock. Era algo nuevo para él, tan nuevo que creó sentimientos fuertes en su interior. Sus padres hicieron un esfuerzo para comprarle su primera guitarra eléctrica. Aquella guitarra negra y pesada y aquel pequeño amplificador eran el inicio de una nueva etapa en la música: el paso de la música popular al rock.
Pasaron 2 años en los que la única vida que tenía aquel chaval era la música. Días encerrado en casa practicando, tocando las canciones de sus ídolos, aprendiendo más y más música, es decir, haciendo lo que él más ansiaba. Soñaba con ser un día un gran músico como Gary Moore, Santana, Satriani, y eso le animó a no rendirse, por muy frustrante que fuera a veces.
Cuando entró en la adolescencia le regalaron una nueva guitarra eléctrica, un precioso rubí de seis cuerdas el cual recuerda como el mejor regalo de su vida y que recordará siempre. Fue en esta época, en su adolescencia, donde descubrió otro poder inmenso que se hallaba intrínseco en la música: la música no solo era capaz de transmitir sentimientos, también, con el tiempo, tú podías plasmar tus sentimientos en ella.
Fue a partir de aquel momento cuando comenzó a componer, a hacer sonoros sus sentimientos y a plasmarlos en una serie de notas que conseguían emocionar a la gente y, justo entonces, se dio cuenta de que nunca nada podría tener un lugar tan grande en su corazón como el que tenían las corcheas, los pentagramas, y demás sentimientos.
Le regalaron su primera guitarra ese mismo año. Para él, ese trozo de madera con seis cuerdas valía tanto o más que cualquier tesoro. Aquella guitarra clásica no era gran cosa, pero él se conformaba con que sonara lo suficiente como para poder expresarse, y así era. Cada vez que volvía de la escuela lo primero que hacía era coger aquella guitarra y tocar, tocar y tocar.
Pasaban los días... las semanas... los meses... hasta que cumplió su primer año completo en el mundo de la música. Fue entonces cuando apareció en su vida el blues y el rock. Era algo nuevo para él, tan nuevo que creó sentimientos fuertes en su interior. Sus padres hicieron un esfuerzo para comprarle su primera guitarra eléctrica. Aquella guitarra negra y pesada y aquel pequeño amplificador eran el inicio de una nueva etapa en la música: el paso de la música popular al rock.
Pasaron 2 años en los que la única vida que tenía aquel chaval era la música. Días encerrado en casa practicando, tocando las canciones de sus ídolos, aprendiendo más y más música, es decir, haciendo lo que él más ansiaba. Soñaba con ser un día un gran músico como Gary Moore, Santana, Satriani, y eso le animó a no rendirse, por muy frustrante que fuera a veces.
Cuando entró en la adolescencia le regalaron una nueva guitarra eléctrica, un precioso rubí de seis cuerdas el cual recuerda como el mejor regalo de su vida y que recordará siempre. Fue en esta época, en su adolescencia, donde descubrió otro poder inmenso que se hallaba intrínseco en la música: la música no solo era capaz de transmitir sentimientos, también, con el tiempo, tú podías plasmar tus sentimientos en ella.
Fue a partir de aquel momento cuando comenzó a componer, a hacer sonoros sus sentimientos y a plasmarlos en una serie de notas que conseguían emocionar a la gente y, justo entonces, se dio cuenta de que nunca nada podría tener un lugar tan grande en su corazón como el que tenían las corcheas, los pentagramas, y demás sentimientos.
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